INFERENCIA A LA MEJOR EXPLICACIÓN

Por

Rodolfo Gaeta

em

Principia, 12(2) (2008), pp. 193–202. Published by NEL—Epistemology and Logic Research
Group, Federal University of Santa Catarina (UFSC), Brazil.

La expresión “Inference to the best explanation” fue introducida por Harman para denominar un procedimiento ya considerado por Aristóteles y al que Peirce había denominado “abduction” o “retroduccion”, un recurso por medio de cuyo empleo los científicos podrían arribar a hipótesis capaces de explicar los fenómenos que investigan. Llegados a este punto, convendría preguntarse si la abducción opera en el contexto de descubrimiento o en el de justificación. Y al respecto debemos tener en cuenta que si bien en algún momento advirtió la posibilidad de establecer la separación entre el descubrimiento y la justificación de una conjetura científica, Peirce no parecía estar realmente inclinado a mantenerla. Un contundente testimonio de ello es la siguiente declaración recogida por Okasha (Okasha 2000, p. 696). Escribía Peirce: “Es una hipótesis primaria que subyace a toda abducción que la mente humana es semejante a la verdad en el sentido de que en un número finito de conjeturas (guesses) encontrará la hipótesis correcta”.
Asimismo, Achinstein sostiene que Peirce era consciente de que, aun cuando
una hipótesis fuera capaz de explicar ciertos fenómenos en caso de ser verdadera, ello no impediría que se tratara de una hipótesis carente de toda probabilidad de ser efectivamente verdadera. Pero —como bien hace notar— Peirce descartaba esa situación porque atribuía a los seres humanos una facultad de insigth semejante a los instintos de los animales que supera los poderes de la razón y nos conduce como si estuviéramos en posesión de hechos que están más allá de nuestros sentidos.
Sin duda, los realistas científicos de nuestra época serían remisos a expresarse tan rotundamente como Pierce, pero estoy convencido de que muchos siguen sospechando que efectivamente los científicos tienen una suerte de talento que los guía en dirección a la verdad. Okasha señala, por ejemplo, que Lipton también se ha manifestado dispuesto a creer que los seres humanos tienen una “sorprendente habilidad” para acertar con las hipótesis verdaderas. Esta clase de reflexiones justifican la crítica alusión de van Fraassen al dudoso recurso del privilegio al que se verían obligados a apelar los defensores de la IME.
La concepción de Peirce acerca de la abducción fue rescatada a mediados del siglo pasado por Hanson con la intención de mostrar que, en contraste con la opinión dominante en esa época, sí existe una lógica del descubrimiento. En Patterns of Discovery, Hanson presenta un esquema muy simple de la retroducción (Hanson 1958, p. 86):
(I) Se observa cierto fenómeno sorprendente P
(II) P se podría explicar como algo corriente si la hipótesis H fuera
verdadera
(III) Por lo tanto, hay razón para pensar que H es verdadera
Pero poco después, en “Is there a logic of Discovery?” (Hanson 1960), el mismo autor advierte que esa formulación, muy similar a la que había propuesto originalmente Peirce, resulta sumamente cuestionable; y señala entonces la necesidad de establecer una diferencia que ni Aristóteles, ni Peirce, ni el mismo Hanson habían tomado en cuenta previamente. Se trata de la conveniencia de marcar una distinción entre dos tipos de razones, a saber, razones para aceptar una hipótesis H, por un lado, y razones para sugerir H en primer lugar, por otro.
Una vez reconocida la importancia de esta distinción, Hanson, se ve obligado
a reformular el esquema de la aplicación de las inferencias abductivas y lo expresa en los siguientes términos (Hanson 1960, p. 406):
(I) Se descubren ciertos fenómenos sorprendentes
(II) Tales fenómenos no serían sorprendentes si se hallara una hipótesis del tipo H pues una hipótesis de ese tipo los explicaría.
(III) Por consiguiente, hay buenas razones para desarrollar una hipótesis del tipo H; para proponerla como una hipótesis posible a partir de la cual aquellos fenómenos podrían explicarse.
A este modelo se ajustaría, por ejemplo, el descubrimiento de la elipticidad de las órbitas planetarias por parte de Kepler a partir de la observación de ciertas intrigantes propiedades del comportamiento de Marte. El paso crucial que hizo posible ese descubrimiento, de acuerdo con el análisis de Hanson, tuvo lugar cuando Kepler tomó conciencia de que una trayectoria cerrada, continua y no circular daría cuenta de aquellos fenómenos. Se trata, pues de un paso previo pero decisivo para llegar a pensar que las órbitas eran elípticas.
A propósito de este nuevo esquema de la retroducción, que evidentemente resulta mucho más modesto que el que Hanson había propuesto en 1958, me interesa subrayar cuatro características: (a) El esquema, tal como ha sido presentado, sugiere que se trata de una suerte de inferencia o regla de inferencia, donde (I) y (II) representarían el papel de premisas y (III) sería la conclusión. (b) Al tiempo de formular la premisa (II), el científico debería haber inventado o concebido de cierto modo cómo sería la hipótesis de tipo H. Es evidente que ella debe haber sido imaginada con independencia de la propia premisa (II), ya que lo que único que esta premisa afirma es la existencia de una conexión explicativa entre una hipótesis del tipo H y los fenómenos mencionados en (I). Se podría decir, incluso, que la premisa (II) es una afirmación prácticamente analítica, pues la circunstancia de que un fenómeno deje de ser sorprendente cuando se conoce su explicación parecería desprenderse simplemente del significado de las palabras utilizadas. A fortiori, el contenido de H debe poder ser captado por la mente del científico con independencia de la inferencia que conduce de las premisas
(I) y (II) a la conclusión (III). (c) A pesar de que se introduce con la expresión “por consiguiente”, de hecho (III) no se infiere, ni en un sentido deductivo ni tampoco conforme a algún patrón inductivo —aun cuando tomemos el concepto de inducción en un sentido muy amplio— de las premisas (I) y (II). En todo caso, se requeriría alguna premisa adicional que cubriera este vacío lógico que separa (I) y (II) de la supuesta conclusión (III). (d) Si estuviéramos dispuestos a suponer que el objetivo de la investigación científica es el descubrimiento de hipótesis verdaderas o aproximadamente verdaderas, tal premisa adicional tendría que establecer una vinculación entre las propiedades explicativas y por lo menos una alta probabilidad de que esas propiedades explicativas conduzcan a hipótesis efectivamente cercanas a la verdad. La búsqueda de esta conexión aparecía explícita en el esquema que Hanson había presentado en 1958 (aun cuando fuera cuestionable), pero la nueva versión, debilitada como está ahora, no logra otra cosa que hacer mucho más visibles sus falencias.

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