CUÁNDO ES CONFIABLE UN PROCESO COGNITIVO?

GARCIA DUQUE, Carlos Emilio. EL PROBLEMA DE LA GENERALIDAD EN LA EPISTEMOLOGÍA CONFIABILISTA. Prax. filos., July/Dec. 2007, no.25, p.5-20. ISSN 0120-4688.

La respuesta parece ser clara: un proceso cognitivo es confiable cuando produce verdad más bien que falsedad. Pero el análisis tradicional de la justificación es vulnerable a los argumentos escépticos. ¿Cómo respondemos a estos argumentos en el confiabilismo de proceso? Una sugerencia que hace Goldman implica restringir su tratamiento de la noción de “proceso” a casos que encontraríamos en ambientes no manipulados . Alston plantea algo similar, cuando nos urge a restringir su análisis a los procesos de creencia efectiva que se encuentran en las “situaciones típicas”. Solicito que mis comentarios se critiquen contra un transfondo similar. En particular, deseo suscribirme a los siguientes planteamientos.

1. Parto de la presunción de que el conocimiento es posible y, en consecuencia, que ciertas creencias son justificadas; que tenemos (para el propósito general de este artículo) un buen ejemplo de conocimiento en los resultados pragmáticos de las teorías científicas, y que ya que el sentido común es un caso límite del conocimiento científico, muchas creencias de sentido común gozan de un grado comparable de justificabilidad.

2. Sólo me ocuparé aquí del conocimiento humano, y mi comprensión de la palabra “humano” se restringe a individuos adecuadamente desarrollados que son capaces de formar meta-creencias. No tengo interés en individuos no reflexivos, y mucho menos en criaturas irreflexivas.

3. Deseo rechazar por anticipado contraejemplos provenientes de mundos posibles y ambientes manipulados contra los puntos de vista implicados por el confiabilismo de proceso.

Hechas estas advertencias, aquí están mis sugerencias:

El principal problema para las teorías confiabilistas de la justificación parece ser el de la generalidad. Se arguye que no hay forma de relacionar instancias particulares (tokens) de creencias que son el resultado de procesos de formación de creencias con un proceso-tipo individual o pertinente, porque cada instancia puede ser una realización de muchos procesos-tipo diferentes (esto excluye la idea de un tipo único) y porque la noción de “tipo pertinente” es ambigua o mal formulada (y esto impide la posibilidad de encontrar el proceso-tipo relevante).

Me parece que en análisis conceptual y en las discusiones sobre confiabilismo se suele oscilar entre las complejidades presentes en fenómenos causalmente determinados y aquellas complejidades que pueden jugar un rol determinante en nuestro conocimiento de ellos. En mi opinión, el problema radica en que los análisis comunes de este paralelismo caen inadvertidamente en una falsa analogía. Se sostiene que ya que incluso el evento aparentemente más simple del mundo es realmente muy complejo y que no podemos agotar todos los detalles que lo rodean, no es posible justificar adecuadamente una creencia sobre dicho evento, en razón de su incapacidad para capturar complejidad tan grande. Por otro lado, algunas veces se apela a la naturaleza compleja de un proceso de formación de creencias, como una manera de desalentar a los partidarios de las teorías confiabilistas de proceso de la esperanza de proporcionar una explicación funcional de dichos procesos. La falsa analogía ocurre cuando apareamos la versión simplificada de un evento con una explicación detallada del proceso de formación de creencias putativamente correspondiente. En otras palabras, la falsa analogía ocurre cuando queremos simplificar un evento, y concentrarnos en una de sus características o propiedades notables, pero nos abstenemos de hacer lo mismo con la creencia correspondiente.

Tomemos, como ejemplo, el caso de la creencia proposicional (g): “x fue asesinado de un disparo”. Este parece ser un caso fácil. Me parece que hay una clara cadena causal que conecta los siguientes eventos: un arma de fuego que se dispara, una persona que resulta herida por la bala y la muerte de esa persona como resultado de la herida ocasionada por el impacto de la bala en su cuerpo. Por supuesto, esto presupone una simplificación. En gracia a la explicación se dejan muchos detalles por fuera, aunque también podría alegarse que dichos detalles son irrelevantes. Por ejemplo, para creer correctamente que (g) no necesitamos saber si x fue víctima de un asalto, ni si su asesino era adicto a las drogas, ni cual era el calibre de la bala. Todas estas piezas de información pueden ser cruciales para formar muchas otras creencias relacionadas que tienen como objeto el evento principal que (g) expresa, pero no cometeríamos la falacia de conclusión apresurada si hacemos caso omiso de esta información cuando lo único que importa es si la creencia de que (g) es justificable. Me parece que aquellos filósofos que se molestan en formular preguntas acerca de si el disparo pudiese ser una realización de tipos como “ser un asalto”, “haber sido disparado en tal y cual dirección”, “ser una bala de tal o cual calibre”, etc, buscan en la dirección incorrecta. Para ver por qué, consideremos a qué equivale este planteamiento de conocimiento. Si el planteamiento de conocimiento es “saber que la persona x fue asesinada de un balazo”, sostengo que podemos aislar lo que es realmente importante para justificarlo, y preocuparnos de los antecedentes causales del evento en cuestión sólo en la medida en que contribuyan algo importante al planteamiento de conocimiento.

Conee y Feldman sostienen que no podemos encontrar la solución al problema de la generalidad en los campos del sentido común, la clasificación científica o los contextos especiales. Puesto que considero que el sentido común es simplemente un caso límite del conocimiento científico, comenzaré por explorar sus contraejemplos en busca de posibles debilidades al rechazar el sentido común, y luego haré algunos comentarios sobre el campo de la ciencia. Las principales quejas sobre el sentido común son (i) que no es posible proporcionar una identificación única del tipo relevante para cada instancia de proceso, porque hay muchos tipos de sentido común; (ii) que “las clasificaciones del mero sentido común resultan muy amplias para hacer las distinciones epistémicas correctas entre las creencias” y que (iii) “no todas las creencias que resultan de alguno de estos tipos son justificadas o aproximadamente justificadas por igual” .

Los planteamientos anteriores parecen adecuados. No parece posible objetar ni (i) ni (ii) porque, en efecto, no hay un tipo único que pueda ser considerado como el “tipo relevante” para subsumir bajo sí la amplia variedad de instancias de proceso que son realizables bajo categorías tan amplias como “percepción cuidadosa” o “memoria vívida”. Pero quizá la multiplicidad de tipos que se trae a escena sea espurea. Conee y Feldman arguyen que la creencia, formada visualmente, de que hay un arce, es el resultado de un proceso que instancia todos los tipos siguientes: proceso visual, proceso perceptual, proceso identificador de árbol, proceso diurno, proceso de interior, etc. Sin embargo, no todos estos procesos pueden tener el mismo grado de relevancia. Alston nos pide explícitamente excluir de la identificación de tipos de procesos relevantes, candidatos indeseables como “procesos que ocurren un miércoles”, o “procesos que ocurren en la ducha” que ciertamente no desempeñan ningún rol (determinante) en el proceso de formación de creencias. Por otra parte, los procesos “identificadores de árboles” o “diurnos” parece que tienen algo importante en relación con el resultado de la clasificación correcta de arces. Ahora bien, puesto que la habilidad para clasificar objetos requiere conocimiento previo y creencias antecedentes, me parece que este caso se ajusta mejor al campo de la “clasificación científica”. Cambiemos el ejemplo ligeramente, al caso más inocente de la creencia formada visualmente de que hay un árbol en frente.

Se puede argüir que la capacidad de identificar un árbol requiere, de nuevo, conocimiento previo y creencias antecedentes, pero ignoremos esta objeción en gracia al argumento. Supongamos que Smith, un sujeto normal, bajo circunstancias cotidianas mira al frente y forma la creencia “aquí hay un árbol”. Me parece que el tipo relevante podría ser identificado apropiadamente como “percepción cuidadosa”. Pero, probablemente, esto no es satisfactorio. Alguien estaría tentado a mencionar los tipos “proceso visual”, “proceso perceptual” y tal vez quiera argüir que la mera percepción es suficiente para formar esta creencia, y que Jones, un sujeto cognoscente desatento, cuando se enfrenta a circunstancias similares, formará la misma creencia. Creo que esta acusación simplemente reitera un planteamiento que no quiero desafiar aquí, a saber, que la misma instancia de proceso puede ser el resultado de diversos tipos. Lo que realmente importa ahora, es determinar si podemos o no identificar razonablemente el tipo relevante y si podemos o no decir algo sobre su grado de confiabilidad.

Consideremos el planteamiento (iii) arriba. El punto es que algunos supuestos tipos relevantes son de tal modo que producen creencias con distintos grados de justificabilidad y esto, por supuesto, plantea un problema para el confiabilista. Conee y Feldman piensan en sub-casos de procesos perceptuales como creencias que resultan de una mirada rápida. Es fácil dar ejemplos en los que una mirada rápida no produce una creencia justificada, y otros ejemplos, en los que, por contraste, lo hacen. Prima facie, esta objeción no debería perturbar al confiabilista. Después de todo, él no está planteando que todas las creencias formadas por el tipo de proceso relevante estén igualmente justificadas. En su lugar, él sostiene que un proceso es confiable si genera creencias verdaderas en una gran proporción de una serie de casos adecuada. Sin embargo, el profundo contraste del contraejemplo amerita una respuesta mejor que, a propósito, los mismos objetores sugieren. Ellos construyen la situación de tal modo que dos nuevos aspectos entran en escena: simplicidad extrema y experticia. Primero, es obvio que cuando la creencia se reduce simplemente a algo vago “hay algo afuera”, entonces una mirada rápida resulta suficiente para formarla. Si la creencia en cuestión es “hay una cabrá montes allí”, entonces necesitamos más que una mirada rápida, a menos que (1) la distancia sea muy corta, o (2) el observador realmente sepa como es este animal. Segundo, si la creencia es “hay un cocodrilo en la playa”, entonces, de nuevo necesitamos más que una mirada rápida y, me temo, incluso tendríamos que agregar que (3) el observador es un experto que puede identificar la diferencia entre un caimán y un cocodrilo…. Podríamos agregar indefinidamente nuevas condiciones que simplemente modificarían la situación original introduciendo distintos marcos de referencia. Cada nuevo marco parece mostrar que la identificación del tipo de proceso relevante es una empresa sin esperanza, en el modo en que Conee y Feldman sugieren. Sin embargo, podemos adherirnos a la sugerencia general de confiabilismo de proceso y ver si puede proporcionar una explicación razonable de lo que está involucrado en el proyecto de identificar el tipo relevante.

Conee y Feldman continúan su crítica del confiabilismo de proceso examinando la explicación del “tipo relevante” mediante la noción de “hábito” (Alston) o “estrategias de formación de creencias” (Wallis). Ya que los hábitos y las estrategias son clasificaciones de sentido común de algunas de las formas en que formamos creencias, ellos aceptan que la idea es que “el hábito mental” empleado para formar una creencia particular que determina su grado de justificación es plausible . Por lo tanto, el principio sería:

H. El tipo relevante para cualquier instancia de formación de creencias es el hábito mental, o la estrategia de formación de creencias que él instancia.

Sin embargo, H no se puede usar para identificar un tipo relevante único porque muchas instancias de proceso son ejemplos de más de un hábito. Los autores ofrecen el ejemplo de un experto identificador de árboles que no apela a un “hábito mental” único para identificar exitosamente un árbol, sino que usa un paquete de estrategias que producen el resultado deseado . En mi opinión, aquí se esconde algo más que el problema de la generalidad. Primero, porque aparentemente ellos usan la palabra “hábito” en dos sentidos diferentes cuando discuten la sugerencia de Alston. El primer sentido corresponde aproximadamente a lo que Alston quiere decir, cuando nos pide entender el tipo de un proceso de formación de creencias como un hábito cognitivo. El segundo es más cercano al sentido ordinario de la palabra que designa un comportamiento particular en el que el sujeto se involucra con frecuencia. Segundo, porque cuando ellos mencionan los hábitos de pensamiento para resolver un problema cognitivo (clasificar un árbol) traen a colación estrategias metacognitivas y éstas no se pueden comparar, de ningún modo, al “hábito” de leer el último párrafo de un artículo para juzgar su tema. El primero revela buenas estrategias de resolución de problemas, el segundo es sólo un mal hábito de lectura.

Anúncios

Deixe um comentário

Preencha os seus dados abaixo ou clique em um ícone para log in:

Logotipo do WordPress.com

Você está comentando utilizando sua conta WordPress.com. Sair / Alterar )

Imagem do Twitter

Você está comentando utilizando sua conta Twitter. Sair / Alterar )

Foto do Facebook

Você está comentando utilizando sua conta Facebook. Sair / Alterar )

Foto do Google+

Você está comentando utilizando sua conta Google+. Sair / Alterar )

Conectando a %s


%d blogueiros gostam disto: