SIGNIFICADO E INFORMACIÓN

Por

Jesús M. Larrazabal y Fernando Migura

em

Contextos, XIII/25-26, 1995

Antes de seguir adelante sería conveniente deshacer una serie de mal entendidos conceptuales relativos al conocimiento y la información que están fuertemente arraigados en ámbitos ligados a la IA. Adoptando una manera informal de hablar, en ocasiones se identifica la información que una señal nos proporciona con su significado, al decir que una señal es más “significativa” cuanto menos probable es su mensaje. Aunque la in formación que porta una señal está relacionada con su significado, veremos que sólo lo está de una manera accidental. A nuestro entender dicha confusión viene motivada, entre otras, por estas tres razones:
– Por los usos del término “significado” asociados a expresiones del tipo “el humo significa fuego” correspondientes a la distinción original de Grice (1957) entre “significado natural” y “significado no natural”. Es únicamente el significado natural de una señal el que se puede identificar con la información que transmite.
– Porque por extensión se toma como identidad lo que no es sino una relación accidental entre el significado convencional de los signos lingüísticos y la información proporcionada por ellos, ya que de hecho al comunicarnos usualmente explotamos dicho significado para transmitir información. Expresamos información usando signos que tienen un significado que corresponde a la información que deseamos expresar.
– Porque en la Empresa de Representación del Conocimiento en IA ha sido dominante la perspectiva de la “interpretación de estructuras simbólicas” en una base de conocimiento. En este contexto la asignación de contenido informativo a las representaciones consiste simplemente en la especificación recursiva de sus condiciones de verdad por parte del diseñador del sistema, lo que usualmente se identifica con su “significado”.
Ahora bien, si algo es claro es que las señales informativas han de ser distinguibles de las puramente significativas. Es condición necesaria para las primeras, aunque no para las segundas, que cuenten con la “propiedad de veracidad”. La información que nos proporciona una señal es lo que nos puede decir “con verdad” sobre un estado de cosas. Asimismo, con sideramos necesario el carácter verídico de la información para que nos pueda proporcionar conocimiento.
Algo en lo que coinciden todos los análisis del concepto de conocimiento es que si bien un agente puede creer y desear lo que quiera, sólo puede conocer lo que es el caso. Por otra parte, cualquiera que sea la naturaleza de los “estados mentales” a los que denominamos “creencias”, el sentido común nos dice que del hecho de que alguien sepa algo se sigue que lo crea.
Atendiendo a lo dicho podemos afirmar que el que un agente A sepa que p implica que A cree que p e implica, a su vez, que la proposición p es verdadera. Ahora bien, no basta que A crea que p y p sea el caso para que podamos calificar la creencia de A de conocimiento. Ni incluso si la creencia verdadera de A está justificada (piénsese en los clásicos contraejemplos de Gettier (1963)), a no ser que la idea de justificación incorporada excluya la posibilidad de que podamos estar justificados al creer algo falso.

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