Archive for the ‘Informação’ Category

SIGNIFICADO E INFORMACIÓN

junho 17, 2011

Por

Jesús M. Larrazabal y Fernando Migura

em

Contextos, XIII/25-26, 1995

Antes de seguir adelante sería conveniente deshacer una serie de mal entendidos conceptuales relativos al conocimiento y la información que están fuertemente arraigados en ámbitos ligados a la IA. Adoptando una manera informal de hablar, en ocasiones se identifica la información que una señal nos proporciona con su significado, al decir que una señal es más “significativa” cuanto menos probable es su mensaje. Aunque la in formación que porta una señal está relacionada con su significado, veremos que sólo lo está de una manera accidental. A nuestro entender dicha confusión viene motivada, entre otras, por estas tres razones:
– Por los usos del término “significado” asociados a expresiones del tipo “el humo significa fuego” correspondientes a la distinción original de Grice (1957) entre “significado natural” y “significado no natural”. Es únicamente el significado natural de una señal el que se puede identificar con la información que transmite.
– Porque por extensión se toma como identidad lo que no es sino una relación accidental entre el significado convencional de los signos lingüísticos y la información proporcionada por ellos, ya que de hecho al comunicarnos usualmente explotamos dicho significado para transmitir información. Expresamos información usando signos que tienen un significado que corresponde a la información que deseamos expresar.
– Porque en la Empresa de Representación del Conocimiento en IA ha sido dominante la perspectiva de la “interpretación de estructuras simbólicas” en una base de conocimiento. En este contexto la asignación de contenido informativo a las representaciones consiste simplemente en la especificación recursiva de sus condiciones de verdad por parte del diseñador del sistema, lo que usualmente se identifica con su “significado”.
Ahora bien, si algo es claro es que las señales informativas han de ser distinguibles de las puramente significativas. Es condición necesaria para las primeras, aunque no para las segundas, que cuenten con la “propiedad de veracidad”. La información que nos proporciona una señal es lo que nos puede decir “con verdad” sobre un estado de cosas. Asimismo, con sideramos necesario el carácter verídico de la información para que nos pueda proporcionar conocimiento.
Algo en lo que coinciden todos los análisis del concepto de conocimiento es que si bien un agente puede creer y desear lo que quiera, sólo puede conocer lo que es el caso. Por otra parte, cualquiera que sea la naturaleza de los “estados mentales” a los que denominamos “creencias”, el sentido común nos dice que del hecho de que alguien sepa algo se sigue que lo crea.
Atendiendo a lo dicho podemos afirmar que el que un agente A sepa que p implica que A cree que p e implica, a su vez, que la proposición p es verdadera. Ahora bien, no basta que A crea que p y p sea el caso para que podamos calificar la creencia de A de conocimiento. Ni incluso si la creencia verdadera de A está justificada (piénsese en los clásicos contraejemplos de Gettier (1963)), a no ser que la idea de justificación incorporada excluya la posibilidad de que podamos estar justificados al creer algo falso.

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SEMÁNTICA INFORMACIONAL Y CONOCIMIENTO

setembro 8, 2010

Por

Jesús M. Larrazabal y Fernando Migura

em

Revista Contextos

El hecho de que sean ciertas creencias las que constituyan conocimiento por razón de su origen informacional no nos hace concebir la creencia como elemento primitivo sobre el que se defina el conocimiento. En lo que sigue simplemente nos serviremos de la creencia y la información para destacar algunas propiedades estructurales satisfechas por el concepto de conocimiento desde la perspectiva informacional.

Asumida esta visión que parte de una idea objetiva de información es claro que el que una creencia se califique de conocimiento depende de su origen o apoyo en la información. En consecuencia, no se exige del agente cognoscente que tenga evidencia de ese origen o soporte en la información. Desde su punto de vista todo cuenta como creencia. Desde la perspectiva del agente no hay manera de distinguir el conocimiento de la creencia, al menos cuando la creencia es adquirida de una fuente tomada por fiable.

Decir que el agente A conoce que p supone atribuirle conocimiento sobre la fiabilidad del origen de su creencia, esto es, supone concebir a un agente con acceso a la información sobre dicha fiabilidad.

Parece ser que a lo máximo que podemos aspirar desde el punto de vista del agente es a que crea que conoce. Pero incluso en este caso, lo que crea que conoce no tiene nada que ver con lo que realmente conoce, sino concierne únicamente a su estado de creencia sobre sus creencias particulares.

Así, desde la perspectiva informacional el concepto de conocimiento atribuido es “externo” al agente cognitivo. En última instancia, se trata de un concepto que sólo tiene sentido desde el punto de vista del teórico que modeliza los estados cognitivos del agente.

El que el agente conozca que conoce es ciertamente más plausible para una concepción “internalista” del conocimiento en la que el sujeto tiene acceso a la distinción entre simple creencia verdadera y conocimiento. Por ejemplo, cuando el agente razona sobre sus propios estados cognitivos, se tiende a pensar que si el sujeto posee justificación para su creencia de que p, entonces está justificado en creer que está así justificado al creer que p. Pero por contra desde un enfoque puramente externalista lo que cuenta como conocimiento depende de si existe una transmisión causal apropiada de información al sujeto cuando considera el estado de cosas objeto de su creencia. Así, desde el punto de vista del teórico que modeliza sus estados cognitivos, el agente conoce que p cuando está adecuadamente conectado a la “restricción” informacional correspondiente, pudiendo el agente no saber que conoce al no tener acceso al hecho de que se satisface una relación propiamente informativa. La propiedad introspectiva discutida parece más apropiada para caracterizar estados de creencia en los que se atribuye al agente creencias sobre sus creencias.

Pero debe quedar claro que dicho externalismo no es exclusivo de la perspectiva informacional. La aproximación clásica a la Representación del Conocimiento basada en la interpretación de estructuras simbólicas es también externalista aunque por razones distintas. Desde el punto de vista de un Sistema Basado en Conocimiento toda representación en su base de datos constituye conocimiento “en relación al modelo propuesto por quien diseñó el sistema”. Sin embargo nos encontramos ante “sistemas basados en creencias” desde un punto de vista filosófico absoluto, manifestado en la perspectiva del teórico.

LA PROPUESTA DRETSKEANA SOBRE LA INFORMACIÓN

setembro 8, 2010

Por

Mario Pérez Gutiérrez

em

V Congreso ISKO – España

El punto de partida de Dretske es un intento de presentar un análisis semántico de la información, o lo que es lo mismo, una teoría del contenido proposicional de una señal. Para ello nada mejor que comenzar con una declaración de principios. A lo largo de su obra, el objeto que cae bajo el término “información” debe ser considerado como algo objetivo, natural, cuya existencia, generación o transmisión, no depende de la interpretación cognitiva de un posible agente.i En este contexto, cualquier acaecimiento que forma parte del mundo puede considerarse como una señal transportadora de información. Y es por ese motivo por el cual, evolutivamente hablando, puede decirse que la información precedió a sus usuarios.

Una vez propuesta esta declaración de principios, en la búsqueda de una posible definición de contenido informativo que le sirva de puntal para un posterior análisis del conocimiento, Dretske se detiene primero en la presentación de una serie de restricciones derivadas de la Teoría Matemática de la Comunicación de Shannon y Weaver que toda teoría que intente proponer una definición de contenido informativo debe tener en cuenta. En concreto, para que una señal r lleve la información de que s es F se debe cumplir que:

(a) La señal lleva tanta información sobre s como la que se genere por el hecho de que s sea F.
(b) s debe ser F.
(c) La cantidad de información sobre s que lleva la señal es (o incluye) la cantidad generada por el hecho de que s sea F (y no por el hecho, por ejemplo, de que s sea G).

De esta manera, si una señal r lleva la información de que s es azul, según estas tres restricciones: r debe llevar, al menos, tanta información sobre s como la que se genere por el hecho de que s sea azul; s debe ser realmente azul; y la cantidad de información sobre s que lleva la señal r debe incluir, al
menos, la cantidad generada por el hecho de que s sea azul, y no por el hecho de que s sea rojo, por ejemplo.

Aclaradas estas restricciones, Dretske se encuentra en condiciones de ofrecernos la condición necesaria y suficiente para poder asignarle un contenido informativo determinado a una señal. Esta condición sobre la que basa su definición de contenido informativo la deriva también del tratamiento cuantitativo ofrecido por la Teoría Matemática de la Comunicación:

(I) Definición de contenido informativo: Una señal r lleva la información de que s es F si y sólo si la probabilidad condicional de que s sea F, dada r (y k), es igual a 1 (pero dada sólo k, es menor que 1).

En la definición (I) k debe entenderse como aquello que el receptor de la
señal sabe de la fuente antes de recibir esa propia señal.

Según Dretske, esta definición permite recoger un hecho importante: logra mantener el equilibrio existente entre el carácter objetivo de la información y su carácter relativo. Ese equilibrio se fundamenta en la introducción de k en la definición contenida en (I). Con la introducción de este parámetro, se consigue relativizar el contenido informativo de una señal respecto a lo que el receptor conoce; se logra, en definitiva, recoger la influencia del conocimiento previo del receptor en el proceso de transmisión de información.

Y de esta manera se consiguen dos cosas: dar cuenta del contenido informativo recibido por un receptor a partir de una señal determinada (carácter relativo de la información) e identificar el contenido informativo de una señal en ausencia de posibles receptores (carácter objetivo de la información) apelando a la figura del receptor ideal.

Esta definición se verá complementada por lo que Dretske denomina el principio de la copia. Es un principio regulativo, inherente y esencial a la idea ordinaria de información, y que toda teoría de la información debe preservar:

(II) Principio de la copia: si A lleva la información de que B, y B lleva la información de que C, entonces A lleva la información de que C.

A RESTRIÇÃO INFORMACIONAL

fevereiro 23, 2010

Por

Earl Conee

em

Externalism,internalism,and skepticism

Fred Dretske nos provê com um exemplo perfeito de uma visão externalista de conhecimento com implicações anticéticas.[1] Dretske argumenta que o requisito externo pertinente ocorre na condição de crença. Naturalmente, a visão requer crença para conhecimento. E naturalmente, a visão requer que se algumas crenças atribuem uma propriedade à alguma coisa, então elas tem alguns conceitos que permitem atribuir à propriedade colocando estas coisas juntas, somos requeridos a ter conceitos segundo as regras para conhecer como as coisas são. Não há nada de controverso ou externalista nisso.

Mais importante, Dretske sustenta que há uma restrição epistemologicamente significante sobre ter conceitos. Por exemplo, suponha que alguém não tem o conceito de um dingbat.[2] Dretske argumenta que segundo as regras possuir este conceito,não é suficiente para fazer arranjar dingbats do resto da realidade. Alguem poderia ser capaz de arranjar dingbats sobre a base de algumas características correlatas, sem ter o conceito de um dingbat.Dretske afirma que, segundo as regras, para adquirir o conceito de dingbat,alguém deve ser sensibilizado a ser auto-dingbatizado. Somente esta forma torna, apropriadamente, sensibilizado a ser dingbatizado, na visão de Dretske, para redeber informação sobre dingbats. Em particular, em adquirindo o conceito, algume deve receber uma mensagem de algum tipo que transporte informação com o conteúdo que alguma coisa é um dingbat.

Por “restrição informacional” Dretske quer dizer que ele tem para ser ordinário e pré-teorético.[3] A idéia é que uma mensagem à uma pessoa contêm certa informação, a informação deve ser verídica e mais. A mensagem é para ser algo pelo que a pessoa poderia aprender esta informação.

Este requerimento da recepção da informação é claramente um requerimento externalista. Em geral, não é uma questão interna da mente, se há ou não informação factual para efeito se algum tipo de coisa existe. Ainda aqui deve ser um tal fato externo, segundo as regras, para um sinal levar esta informação.

O potencial anticético deste requerimento parece ser considerável.se cremos que há dingbats, ou mesmo assim, mais como dúvida que há dingbats, devemos ter o conceito de um dingbat.Manifestadamente, temos esse conceito. Para ter ele,devemos receber informação sobre dingbats, proeminentemente incluindo a informação que há dingbats. E mais, este tipo de recepção da informação requer que sejamos capazes de ler que a informação é verdadeira, que quer dizer que sejamos capazes de conhecê-la.

Assim, não podemos mesmo formar um pensamento sobre dingbats, concebido como tal, sem receber informações sobre dingbats que nos torna capazes de saber sobre a existência de dingbats. Vamos chamar a generalização universal desta implicação epistêmica pretendida da possesão do conceito a “Restrição Informacional” ou IC[4] para diminuir.

Uma restrição poderia ser imediatamente notada. Dretske pretende aplicar a IC somente para conceitos primitivos. Ele diz-nos que estes não são conceitos  compostos de elementos conceituais simples. Nosso conceito de um dingbat, por exemplo, parece de alguma forma conter o conceito de atirar. Assim ele pode não ser primitivo. O argumento para a capacidade de saber, portanto, pode não ser aplicável ao conceito de dingbat. Dretske não oferece qualquer exemplo de conceito primitivo. Assim, em nossa consideração da Restrição Informacional,temos procedido na nossa própria identificação dela.

Isto logo será atentado.Embora,primeiro,o status modal de conhecimento da IC poderia ser clarificado. A IC implica que alguém é capaz de conhecer alguns fatos envolvendo quaisquer conceitos primitivos que são usados em algumas crenças. Dretske não diz exatamente que tipo de possibilidade de conhecimento esta capacidade implica. Se a capacidade fosse algum tipo de possibilidade que poderíamos apresentar, careceria de alguns meios para implementar, diz, uma mera possibilidade do conhecimento metafísico, então seria uma possibilidade de que um cético sobre o nosso conhecimento real pode admitir de forma consistente. Dretske parece pretender algo forte. Ele também descreve a implicação da IC nos termos de nosso “tendo os recursos cognitivos para conhecer” pelo uso do conceito. Se temos tais recursos, então adquirimos conhecimento pelo simples exercitar desta capacidade. A capacidade presta-nos tudo para sabermos os fatos externos que a informação pertinente nos transmite. Os argumentos céticos sobre a possibilidade de não dar nenhuma razão para negar que podemos exercitar algumas de nossas capacidades cognitivas. Assim, é uma genuína implicação anticética que temos esta capacidade de saber sobre o mundo externo.


[1] DRETSKE,F.The epistemology of beliefe.Synthese.1983.p.3-19

[2] O conceito de um dingbat é um exemplo de Dretske. Ele não diz o que ele tem em mente. Podemos pensar de dingbat no sentido de “pequeno objeto adequado para arremessar alguma coisa.”

[3] Neste livro, Knowledge and the Flow of Information (Bradford Books, 1983), Dretske oferece uma definição probabilística do que é por sinal ter um certo conteúdo informacional. Mas, esta noção especial não está presentemente em jogo.

[4] N.T. Informational Constraint

EL FENOMENALISMO Y LA EXPLICACIÓN DE LA EXPERIENCIA

fevereiro 16, 2010

Por

Jonathan Dancy

em

An Introduction to Contemporary  Epistemology

Traducido por José Luis Prades Celma

Supongamos que, en cierta ocasión, le parece al lector que hay una pared enfrente de él, y que está en lo cierto; hay una pared y él la puede ver. ¿Qué explicación puede darse del hecho de que le parece que está enfrente de la pared? ¿Cómo explicar que suceda una determinada experiencia perceptiva?

El realista tiene una respuesta con enorme atractivo, y la cuestión es la de si podemos o debemos resistirnos a su poder de atracción. La explicación parte de la existencia continuada de un objeto material con ciertas propiedades y del suceso nuevo consistente en que un perceptor se ponga en contacto (aunque sólo sea visual) con dicho objeto. La pared estaba ahí todo el tiempo, lo que explica por qué le parece a alguien, cuando llega y abre sus ojos, que ve una pared.

La respuesta paralela del fenomenalista es la de aceptar que hay algo continuo en este caso, lo que explica que, en un momento dado, se dé determinada experiencia perceptiva, pero no se trata de la pared del realista. Hay una continua o permanente posibilidad de experiencia; experiencia que se desencadena cuando se dan las condiciones apropiadas (lo que el realista describiría de nuevo como el hecho de que alguien llegue a la escena con los ojos abiertos). De modo que el fenomenalista explica el que le parezca a alguien que ve una pared apelando a un condicional subjuntivo permanentemente verdadero: si se dieran las condiciones adecuadas le parecería a la persona en cuestión que ve una pared.

El problema es que este condicional subjuntivo parece requerir algún tipo de explicación. ¿Cómo llega a suceder que el condicional subjuntivo sea verdadero? Por supuesto que el realista no negará que sea verdadero, ni siquiera que sea relevante para la explicación. Pero puede proporcionar una explicación de su verdad como lo hacía anteriormente: es verdadero porque existe un objeto físico continuo que actúa como fundamento de la posibilidad permanente de sensación. Le podría parecer a alguien que ve una pared porque (entre otras cosas) hay una pared ahí durante todo el tiempo. ¿A qué puede apelar el fenomenalista para fundamentar el condicional subjuntivo?

La respuesta más común del fenomenalista consiste en apelar a regularidades en experiencias pasadas. El condicional subjuntivo se fundamenta en conjunciones regulares de experiencias de estar en cierto lugar con experiencias de una pared; a alguien le parecería ver una pared en esas circunstancias porque regularmente en el pasado a él (y a otros) le ha sucedido tal cosa. En casos adecuados, podemos inferir un condicional subjuntivo a partir de un enunciado de tal regularidad en la experiencia, y esto es así, precisamente, porque la regularidad convierte al condicional subjuntivo en verdadero.

Pero esta dependencia en las regularidades pasadas como fundamento del condicional subjuntivo parece proporcionar un tipo de explicación incorrecto para la experiencia perceptiva con la que comenzábamos. Podemos verlo mejor con la ayuda de un ejemplo. Supongamos que hay un arco sobre el que descansa la pared. ¿Qué explicaría la capacidad que tiene el arco de servir de soporte a la pared? Una respuesta que apelara al éxito de arcos similares para soportar paredes similares sería incorrecta. Podría acallarnos o dejarnos satisfechos, pero no debería. La petición de una explicación de la capacidad del arco de soportar la pared no se satisface señalando otros casos similares. Sabemos que el arco soporta de hecho la pared. Lo que nos interesa es saber por qué. La apelación a las regularidades pasadas no parece decirnos tal por qué, sino sólo que el arco soporta o soportará la pared. Ésta puede ser una información interesante, pero no es la que estamos buscando. Lo que deseamos saber es qué hay en este arco que le hace capaz de soportar esta pared, y las observaciones sobre otros arcos no parece que sean directamente relevantes, y, de hecho, empeoran el problema. Si hay un problema o misterio sobre este arco, hablar sobre otros arcos se limita a hacer el misterio aún más misterioso, no menos.

De un modo parecido, cuando preguntamos por la explicación de una experiencia perceptiva, estamos preguntando por una explicación en términos de esta situación; deseamos saber qué hay en esta situación que fundamente su capacidad de producir ciertas experiencias perceptivas. La respuesta del fenomenalista en términos de regularidades previas no es lo que buscamos, aunque sea todo lo que él nos pueda dar. Sólo el realista puede proporcionar una respuesta, en términos de las propiedades inobservadas pero continuas de los objetos que vemos. De modo que el realista puede ofrecer un fundamento contemporáneo y relevante para el condicional subjuntivo sobre la experiencia; lo fundamenta en la naturaleza permanente de un tipo de cosa distinto, un objeto físico. Por el contrario, en último término, el fenomenalista no puede proporcionar una explicación de la experiencia perceptiva.

¿Cuál es la relación entre esta crítica al fenomenalismo y la que considerábamos en 6.3? Argumentábamos allí que el significado de un enunciado sobre un objeto material no era equivalente al significado de ningún conjunto de condicionales subjuntivos sobre la experiencia. Y lo que hemos proporcionado aquí es una nueva razón en favor de tal conclusión, dado que uno sólo podría servir de fundamento al otro si no fueran equivalentes en significado. Si fueran equivalentes, no habría ninguna ganancia explicativa en el movimiento de uno al otro. Y un enunciado sobre un objeto material sí puede explicar y fundamentar la verdad de un condicional subjuntivo sobre la experiencia.

¿Qué respuesta daría el fenomenalista a este argumento? La más apropiada sería el cuestionar los supuestos que yacen tras él. Podemos distinguir entre propiedades categóricas y disposicionales de los objetos. Las disposicionales son las capacidades que tiene el objeto para operar en cierto modo, bajo ciertas condiciones. Las categóricas no son disposiciones a actuar de cierto modo (lo que no es todavía decir qué son). Podríamos creer que sabemos que, si un objeto tiene una propiedad disposicional, también debe tener una categórica, dado que las propiedades disposicionales necesitan de un fundamento que no sea disposicional. Por ejemplo, el ser cortante es una propiedad disposicional. Pero un cuchillo cortante debe serlo en virtud de la configuración no disposicional de sus moléculas. Esta configuración es una propiedad categórica que fundamenta la disposición del cuchillo a cortar con facilidad, y es posible que también otras, como la disposición a parecer gris bajo cierta luminosidad.

Podríamos tener la impresión de que las disposiciones no pueden existir sin un fundamento; que, si un objeto tiene la disposición a comportarse de cierta manera o a tener ciertos efectos, es sólo porque tiene ciertas propiedades categóricas, una naturaleza intrínseca que explica y fundamenta su capacidad de comportarse de ese modo. Ésta es la impresión que expresábamos en el argumento de que los condicionales subjuntivos sobre la experiencia necesitan el tipo de fundamento que sólo puede proporcionar un realista, dado que sólo él puede darnos una base no disposicional. Pero esta impresión puede ser cuestionada, a pesar de que para mucha gente sea tan fuerte que la dignifica hasta el punto de considerarla una necesidad conceptual o un requisito racional. Podemos ver hasta qué punto es cuestionable si advertimos que el tipo de explicación que ofrece normalmente la física actual es disposicional; las propiedades básicas de la materia se conciben actualmente como disposiciones; y, si son disposiciones básicas, es de suponer que no tengan fundamento. Por ejemplo, los físicos conciben la carga eléctrica como una propiedad básica, aunque suponen que hay alguna vinculación entre esta propiedad básica y una disposición a comportarse de cierto modo. Pero ¿cuál es la diferencia entre la propiedad básica y la disposición? No es que una le da soporte o fundamento a la otra; se trata, más bien, de que son indistinguibles. Y, si podemos aceptar propiedades disposicionales básicas en física, seguramente las podremos aceptar en psicología filosófica. Por lo que, en contra del argumento precedente, no es necesario que los condicionales subjuntivos sobre la experiencia tengan un fundamento categórico del tipo que sólo puede proporcionar el realista.

Para contestar a esto, podríamos distinguir tres niveles distintos. Están, en primer lugar, lo que podríamos denominar «disposiciones subjetivas»; se trata de las disposiciones de un objeto a parecer de cierto modo a un perceptor. A continuación las «disposiciones objetivas»: disposiciones a actuar en cierto modo, definibles sin referencia a ningún perceptor. Por último, los estados categóricos del objeto, que fundamentan las disposiciones a actuar de cierta manera, sin ser ellos mismos disposiciones. La respuesta precedente del fenomenalista pretende que las disposiciones subjetivas pueden explicarse sin recurrir a ningún otro tercer nivel de propiedad categórica de las que sólo puede hablar el realista. La respuesta a esto sería constatar que el hecho de que la física considere como básicas ciertas propiedades disposicionales no nos hace más inteligible, en absoluto, la idea de que las disposiciones subjetivas en las que estamos interesados pudieran ser básicas. Cualesquiera que pudieran ser las disposiciones básicas, la disposición a parecer rojo no estaría entre ellas. Así pues, aunque
estemos dispuestos a admitir, en algunas ocasiones, la existencia de disposiciones objetivas sin fundamento, no debemos aceptar la posibilidad de un análisis fenomenalista de las disposiciones objetivas. Creo, por tanto, que el movimiento que hace el fenomenalista, aunque mejora en mucho la calidad del argumento, no consigue mostrar cómo sería posible explicar una experiencia perceptiva en términos fenomenalistas.